“Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.” Mateo 7:24-25
En este momento de mi vida, he adoptado al igual que Pablo una filosofía de “olvidar lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante” (Filipenses 3:13). Aún, creo que todos mis sufrimientos pasados son como talentos que me permiten conectarme y relacionarme con muchas mas personas de las que habría podido si no hubiera sufrido tanto. A mis 59 años, puedo resumir mi vida en seis décadas.
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| ¡Jeanne y Jack McGee con sus hijos Jared, Jonathan, Jamie, sobrino Lucas, y sus nietos, Carson Jack y Landan! |
Primera Década: La década de la inocencia (Los 50’s)
Incluso en una temprana edad yo estaba buscando a Dios. Cuando tenía alrededor de 4 años, mis padres peleaban sobre la religión. Mi mamá era católica y nos llevaba a la iglesia. Mi padre era protestante y como un buen protestante, él protestaba en contra de la iglesia católica. Paramos de ir a la iglesia antes de recibir mi primera comunión y estaba deshecha. Alrededor de ese mismo tiempo, puse una toalla sobre mi cabeza y fingí ser una monja. Me imaginaba que las monjas eran las mujeres mas espirituales de la tierra. Recuerdo, era muy joven e ingenua. Pensaba en Dios todo el tiempo, caminaba por los bosques de la parte norte de Nueva York y pensaba en Dios y su creación. Recuerdo un día cuando tenía 9 o quizás 10 años, había entrado en un campo abierto y alzando la vista a los cielos yo le pedí a Dios que se revelara ante mí, lo creas o no, El lo hizo! Fue un hermoso día de verano y el cielo estaba casi totalmente despejado. Después de mi petición, el viento se recogió, el cielo se oscureció, retumbaron truenos y simultáneamente, un relámpago partió el cielo. Corrí a mi casa tan rápido como mis piernas podían llevarme y me escondí en la seguridad de mi cuarto por horas. Decidí que no estaba tan lista para que Dios se revele ante mi, al menos no en esa manera.
Segunda Década: La década de la religión y la rebelión (Los 60’s)
En la segunda década de mi vida, asistía a varias y diferentes tipos de iglesias con amigos y familiares, buscando a Dios en religiones organizadas. Cuando alcancé la adolescencia, desafortunadamente puse mi búsqueda de Dios sobre el estante y lo intercambié por la búsqueda de la popularidad y la aceptación de mis padres. En los 60’s, y aunque mis padres – en particular mi papá – fueron estrictos, encontraba las maneras para rebelarme. Nunca abiertamente, solo a sus espaldas, comencé a fumar cigarros y a sacar a escondidas los tragos de la casa. A los 18 años, me salí de la casa y comencé a experimentar drogas e inmoralidad. Fui a conciertos de rock y me uní a las manifestaciones de anti-guerra. Mis profesores de Ciencia Política y Antropología me escogieron a mi y a tres estudiantes más para ir a las comunidades y hablar a las iglesias y centros comunitarios en contra de la guerra de Vietnam. Era por fin alguien buena onda! Hacía dedo con un grupo de amigos para unirnos en las protestas que habían en ese momento. Adopté la cultura de los 60’s y realmente creía que éramos la primera generación de personas que buscaba la verdad, a diferencia de nuestros padres hipócritas.
Tercera Década: La década de la decadencia (Los 70’s)
En los 70’s, me volví más y más afianzada en la escena de la droga de ese tiempo. Estaba orgullosa de mi misma, de ser sexualmente liberal y bien conocedora de varios tipos de drogas, incluso aunque a veces las encontraba que eran muy perturbadoras, en particular, las de tipo alucinógenas. Ahora, como una mujer de los 70’s, que estaba desilusionada con el cristianismo, buscaba a Dios a través de las religiones orientales. Practiqué la meditación trascendental, leí libros, asistí a talleres y hablé a todos quienes escucharan acerca de mi búsqueda de Dios. Como los 70’s se estaban terminando, estaba cansada de mi búsqueda inútil, sin mencionar el hecho de que en esa misma década, había sido echada de la universidad, me había hecho un aborto, convencí a otra mujer para hacerse un aborto, me había casado y entonces rápidamente me divorcié, más de una vez tuve una sobredosis de drogas, choqué tres autos, convencí a muchos para drogarse, e incluso estafé a mis padres. Conocí a mi actual esposo, Jack, en el año 1976 y desafortunadamente, no era ninguna ayuda en ese momento porque era tan drogadicto como yo. Nos casamos en el año 1977 y entonces nos mudamos al Norte de Florida a una área que se supone era fértil para la plantación de la marihuana. En el año 1978, tuve una depresión severa, apenas podía funcionar. Quería morir. Caí en una completa desesperanza. Fue entonces cuando conocí a alguien que nos invitó a la iglesia. De modo que, al final del año 1978, ¡tomamos la decisión de ser discípulos y fuimos bautizados en Cristo! ¡Inmediatamente, nuestras vidas dieron un giro! En el año 1979, regresé a la universidad y obtuve mi certificado de enseñanza.
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| ¡Jeanne copartió su testimonio en el Día de la Mujer hace unas semanas y conmovió a muchos corazones! |
Cuarta Década: La década del favor del Señor (Los 80's)
En el año 1980 nació mi primer hijo. En el año 1982, cuando tenía 7 meses de embarazo de nuestro segundo hijo, nuestra hija se enfermó extremadamente y perdió el 25% de su peso. Fue hospitalizada y literalmente se mantuvo viva intravenosa. En medio de esta prueba tan difícil, fuimos asombrados y animados por la generosidad y la preocupación profunda de los hermanos y hermanas a nuestro alrededor y cuando nuestra hija se recuperó, estábamos llenos de gratitud. Supimos que su vida estuvo a salvo por la gracia de Dios. En el año 1985, estuvimos viviendo en el Sur de Florida y tuvimos tres hermosos, saludables y felices hijos. Mi vida estaba llena y me parecía que todas las bendiciones de Dios estaban alrededor de nosotros. No éramos ricos, pero teníamos suficiente para ser una mamá que permanece en casa. Durante este período, fuimos muy efectivos ayudando a muchas personas a hacerse cristianos. No es que no había ninguna prueba durante esta década, es sólo que todas las pruebas parecían terminar en bendiciones. En el año 1989 nos mudamos a Fort Lauderdale en Miami para ayudar a plantar la iglesia en ese lugar.
Quinta Década: La década de la Muerte (Los 90's)
En esta década, decir que fuimos probados es quedarse corto. En el año 1990, mi madre falleció inesperadamente, a la temprana edad de los 60 años. En el año 1991, un socio de mi esposo se ahogó. Ese mismo año, mi suegra falleció también inesperadamente. Ella tenía también apenas 60 años. En el año 1992, pasamos por un huracán de categoría cinco. En el año 1993, mi esposo comenzó a tener problemas para encontrar y permanecer en un trabajo; fuimos probados financieramente como nunca antes. En el año 1994, comencé a tener problemas de salud que duró hasta el año 1995, cuando tuve que hacerme una histerectomía. En el año 1997, mi hermano menor, temiendo la pérdida de sus hijos como resultado de un turbio divorcio, se quitó la vida a los 39 años de edad. En el año 1998, mi suegro y su hermano gemelo, murieron con doce días de diferencia. Mi esposo, que finalmente había conseguido un empleo que parecía seguro – pero que puso bastante presión sobre él – se volvió muy depresivo. En el año 1999, mi papá murió y ese mismo año yo tuve un serio accidente automotriz que resultó en otra cirugía para mi. Durante toda esta agitación, mis dos hijos se volvieron rebeldes, abandonaron la iglesia, se involucraron en las drogas, estuvieron muy mal en la escuela, se involucraron en conflictos pandilleros, y tuvieron problemas con la policía como resultado del estilo de vida que llevaban. Al final de los 90’s, estábamos como “cañas quebradas” (Mateo 12:20).
Sexta Década: La década del desmoronamiento de la Iglesia (Los 2000's)
En los comienzos de esta última década, la iglesia a la que había sido parte por más de 25 años comenzó a desmoronarse. Los líderes que tanto habíamos admirado dejaron la iglesia y muchos incluso terminaron divorciándose. Nuestros hijos continuaron rebelándose y alejándose de Dios. Estábamos desilusionados y desanimados. Mi mejor amiga por 25 años, que se había mudado incluso a la misma área que nosotros, se cayó de la fe. Toqué fondo y ataqué a Dios diciéndole cómo lo odio por todo el sufrimiento que El había permitido que pasáramos. Este punto más bajo en mi caminar con Dios realmente llegó a ser mi punto de vuelta. Me di cuenta que para decirle a Dios que tú lo odias tienes que creer que existe, y si tú crees que existe – incluso al punto que se revele a sí mismo a través de relámpagos – mejor no le vayas a decir que lo odias, ¡y mucho menos cuando estás viviendo en la capital mundial de los relámpagos!
La iglesia a la que éramos parte en este tiempo era un grupo amoroso de personas, pero los miembros no estaban involucrados en las vidas los unos con los otros, y tenían poco alcance. Sentimos morir por dentro. De modo que cuando nuestros amigos, que se habían mudado a Pórtland, nos contaron acerca de la iglesia en esa ciudad que había sido resucitada de la caída, nosotros estábamos escépticos. Luego otro amigo nos insitó a que escucháramos los sermones del predicador que él había grabado en un CD. El predicador era Kip McKean. Realmente no lo conocíamos, aunque sabíamos de él. El primer sermón que escuché se titulaba “Podrías estar peleando contra Dios.” Mi corazón literalmente se conmocionó dentro de mi. Estaba limpiando mi casa mientras escuchaba el sermón y tuve que parar y sentarme. Pensé en los discípulos que habían estado en el camino a Emaús compartieron acerca de Jesús. Mi corazón ardía dentro de mí mientras él hablaba y abría las escrituras para mi. Verdaderamente sentí que había estado peleando contra Dios y quería comenzar a pelear por Dios de nuevo. Después que Jack escuchó el CD, él estaba tan animado de escuchar las prédicas poderosas, que decidió llevarme a visitar a Pórtland. Desde esa impactante visita, tomamos la decisión de unirnos al equipo misionero de Los ángeles!
Le contamos a nuestra hija, quien estaba embarazada de nuestro primer nieto, que queríamos mudarnos. También le dijimos a nuestros hijos y les ofrecimos ayuda para establecerse en Los ángeles si ellos querían unirse a nosotros; teníamos la esperanza que un nuevo comienzo podría ayudarlos. Ellos rechazaron la invitación. Dejar a mis hijos y a mi futuro nieto atrás, fue muy difícil. Lloré. Jack también lloró. Lloramos juntos. Aún, sabíamos que no seríamos útiles para nuestros hijos, ni para nadie más, si no hacíamos algo para levantar nuestra fe. Afortunadamente, en el último momento, nuestros hijos decidieron unirse a nosotros. Dos semanas después de mudarnos, nuestro hijo menor, Jared fue bautizado – de hecho, él fue el primer bautismo en la plantación de Los ángeles! Un año después, él se fue en el equipo misionero a Nueva York. Aunque nuestro otro hijo, Jonathan, aún no ha llegado a ser un discípulo, tenemos la esperanza que él también un día será nuestro hermano en Cristo.
Hemos sido discípulos en la Iglesia Cristiana Internacional de Los Ángeles por dos años, ahora Dios ha restaurado nuestra fe y ha refrescado nuestros corazones. Ahora estamos sirviendo en el rol de pastores en Ventura County. Este domingo pasado, Jack predicó en nuestro servicio. Leyó 1a Reyes 18 y 19 acerca de la experiencia de la gran victoria de Elías y luego su decaída. Jack compartió acerca de todas nuestras pruebas y las muchas veces que él le dijo a Dios, como Elías lo hizo, ¡que estaba harto! Jack hizo un increíble trabajo animando a aquellos que estaban escuchando, a perseverar a pesar de las pruebas, a estar agradecido por las bendiciones, y luego a perseverar otra vez, porque eso, en pocas palabras, es el caminar cristiano. Su tema fue “Dónde Tienes tu Confianza?” Como lo escuché y observé su confianza, estaba impresionada de ver que nosotros, las cañas quebradas, habíamos llegado a ser cañas fuertes de nuevo. Si tú lees la parábola del prudente y el insensato en Lucas 6, verás unas palabras agregadas que Mateo no incluye. El dice, “(El hombre sabio) cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca.” (Lucas 6:48) Creo que nosotros comenzamos a construir un cimiento sobre Jesús la roca, años atrás en el año 1978, pero las tormentas de la vida revelaron que teníamos que ir mas profundamente. Ambos hemos cavado hondo y hemos establecido una relación mas fuerte con Dios como nunca antes habíamos tenido. Al mismo tiempo, ya no nos preguntamos más, ¿vendrán las tormentas? Solamente nos preguntamos ¿cuándo ellas vendrán otra vez? ¿Y qué es lo que ellas serán esta vez? Confiamos que cualquier cosa que las tormentas puedan ser – siempre que Jesús sea nuestra roca – saldremos librados. Por lo tanto, a diferencia de muchos que se vuelven más viejos, yo estoy deseando que llegue mi séptima década!
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Jeanne McGee
Traducido por Claudia, Santiago